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Parroquia de Nuestra Señora del Pilar de Campamento (Madrid)
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TEMAS DE ACTUALIDAD

 

 

 

 

EL CORPUS CHRISTI EN LA PARROQUIA 

 

Hola, queridos hermanos y amigos:

 

Os hablamos desde la comunidad de la Parroquia de Nuestra Señora del Pilar de Campamento en Madrid.

 

Mirad, queridos amigos, dentro de poquito tendremos una fiesta muy importante dentro de la Iglesia, y no sólo en España, sino en todo el mundo; porque la fiesta del Cuerpo de Cristo, el Corpus Christi, se celebra en muchísimas partes del mundo; aquí, en España, por supuesto, se celebra en todos los pueblecitos; y en todos los rincones de nuestra tierra. Nosotros aquí, en nuestra parroquia, también lo celebramos. Es una fiesta grande. Es la fiesta del Señor, de Cristo Eucaristía.

 

Os vamos a contar un poquito lo que hacemos aquí, en nuestra parroquia, desde hace muchísimos años en que sacamos a Cristo Eucaristía a la calle; aunque últimamente (como todo), se va mejorando, y ponemos cinco altares, cada uno dedicado a un grupo de la humanidad. Y quiero contaros cómo lo vivimos y cómo lo hacemos, para, de paso, dar testimonio por si alguno de vosotros que estéis por aquí cerquita queréis venir a acompañarnos, a acompañar a Cristo Eucaristía por las calles de nuestro barrio.

 

Mirad, se expone a Cristo Eucaristía en la Custodia en la misa principal, la de las doce de la mañana, y se saca de esta forma por las calles del barrio. Ese día nos acompaña la banda de tambores de nuestra parroquia, y viene también una banda de música. Salen también, los niños que han hecho la primera comunión, en procesión delante del Santísimo, como muchos de vosotros sabéis. Se trata, con ello, de vivirlo y hacerlo vivir, de dar testimonio al barrio.

 

Comenzamos saliendo del templo. Delante de Cristo Eucaristía van los niños vestidos de primera comunión, la Custodia la lleva nuestro párroco, Don Óscar, acompañado de los demás sacerdotes de la parroquia: Don Manuel y Don Eduardo; y salimos del patio de la parroquia hacia la calle Villaviciosa.

 

En la calle Villaviciosa, esquina con la calle Claudio Sánchez Albornoz, tenemos el primer altar. Todos los altares los hacemos en la propia comunidad, personas que, con todo su amor, con todo cariño hacia Cristo, hacia los demás, altruistamente, ponen el altar lo más bello y lo más bonito que pueden y saben hacerlo. Lo hacen con todo gusto y con todo amor hacia Cristo y hacia todos nosotros.

 

Este primer altar está dedicado a los jóvenes. El párroco deposita la Custodia en el altar, y un joven realiza una oración dedicada a todos los jóvenes del mundo, a todos los jóvenes de España, y principalmente a los de nuestra parroquia. También, después de reflexionar y hacer una oración, el coro parroquial entona un canto, que cantamos todos, igualmente dedicado a los jóvenes.

 

En el altar se encuentra a la vista un cartelito con la frase de Juan Pablo II, que le dice a los jóvenes: «No tengáis miedo, abrid vuestros corazones a Cristo». Es una frase de Juan Pablo II que se ha hecho famosa, y que yo creo está en lo cierto; efectivamente, los jóvenes de hoy día no tienen que tener miedo a Cristo, tienen que temer las cosas mundanas, las malas cosas que hay en la vida; eso es lo que ellos tienen que rehuir, y eso es lo que ellos deben de cuidar: Su cuerpo como obra de Dios, respetarse ellos mutuamente, y respetar a sus padres y a todos los demás. Miedo a Cristo, ninguno. Cristo es el que sana, Cristo es el que los lleva por el buen camino. Jóvenes amad a Cristo. Yo he sido joven también, y, bueno, a lo mejor no lo tenía entonces tan claro como ahora, por supuesto que no, porque ya soy mayor…, pero siempre le he amado y nunca me he sentido defraudada.

 

Pues como os digo, seguimos por la calle Claudio Sánchez Albornoz, y giramos por la calle Fuentesaúco hasta llegar a la esquina con la calle Galicia, y ahí tenemos nuestro segundo altar. Un altar precioso, también, como el primero y como todos los demás que os voy a ir describiendo. Este altar está dedicado a la familia, y vemos en el cartelito que pone: «La familia es fermento de amor y de paz». Claro que sí, todos nacemos en una familia; es verdad que no la elegimos, pero, queramos o no, es nuestra familia. A lo mejor nos gustaría que fuera esto o fuera aquello, pero no cabe duda que Dios la eligió para cada uno de nosotros, y es lo primero y lo principal. En ella nos formamos, aprendemos a comer, se nos cuida, ¡qué sería de nosotros si no fuéramos cuidados por la familia! Pero tenemos que tener de referencia la familia de Nazaret, que era una familia humilde, sencilla, trabajadora, del pueblo. Jesús se educó en esa familia. Dios supo elegir la mejor para él. Por eso nunca debemos rehusar tener como referencia a la familia de Nazaret.

 

Como en el primer altar, también se hace una oración, que en este caso la realiza una familia, y que está dedicada, lógicamente, a la familia; lo mismo que el canto que, a continuación, entona el coro parroquial. Meditamos y seguimos nuestro caminar, hermanos, dando testimonio por las calles del barrio. Cristo sale a por nosotros, sale a nuestro encuentro, seas creyente o no lo seas. Sí, sí, a ti también te llama. ¿Qué crees que Cristo no te llama a ti porque no vas por la Iglesia, porque no te acercas a Él? ¡Es igual: Él te quiere!, y Él seguirá buscándote y saliendo a la calle a por ti, y en cada momento de tu vida estará ahí para cuando tú quieras volver o regresar a Él.

 

Seguimos caminando por la calle Galicia hacia arriba, hacia la calle Villaviciosa de nuevo, y en la esquina de Villaviciosa con Galicia tenemos nuestro tercer altar. Este altar está dedicado a los enfermos. ¿Quién no tiene a un familiar enfermo? ¿Quién no está enfermo alguna vez? Pero yo creo, sinceramente, que es más fácil curar la enfermedad del cuerpo que la del alma; y mucho de nosotros estamos enfermos de cuerpo, claro que sí, pero también del alma, y pienso que es mucho más doloroso. El Señor cura todos nuestros pecados, y cura todas nuestras enfermedades del alma y del cuerpo, pero tenemos que pedirlo con una gran fe y un gran amor hacia Él.

 

En el cartelito dedicado a los enfermos, hacemos alusión a uno de los ciegos del Evangelio: «Señor, si quieres, puedes curarme». Y el Señor le dice: «Quiero, estás curado». Con qué humildad el ciego se lo pide, y con qué humildad y amor le contesta el Señor. Aquí rezamos por todos los enfermos del mundo, por todos los enfermos de cuerpo y alma, y especialmente por los de nuestro barrio, por los de nuestra parroquia. También dedicamos una canción a tantos y tantos enfermos, y seguimos nuestro caminar.

 

Y nuestro caminar va hacia el cuarto altar, que está situado en la plaza de Patricio Martínez. Este altar está dedicado a los niños. Jesús, como todos nosotros sabemos, amaba a las mujeres, las respetaba, y amaba muchísimo a los niños, y los respetaba muchísimo. Y aquí vemos la frase dedicada a ellos: «Dejad que los niños se acerquen a mí». Eso es lo que tenemos que hacer como padres, como sociedad, dejar que los niños se acerquen a Jesucristo. No podemos imponer a nuestros hijos que no reciban lo que les corresponde por derecho: Conocer a Jesucristo. Es verdad que, luego, cuando son adultos, ellos pueden decidir; pero nosotros tenemos el deber de dar a conocer a Jesucristo, no sólo ya como cultura, que es una buena preparación, sino por amor, porque Él se entregó por y para todos nosotros. En este altar (lo hace un niño), oramos por tantos y tantos niños que mueren diariamente en el mundo entero, por hambre, por sed, por enfermedades… Y aquí, en el mundo que llaman occidental o desarrollado, no nos ocupamos de los que tenemos a unos kilómetros, no creáis que a tantos, aquí cerquita; y en el que a veces tiramos tantas y tantas cosas… Y esos niños tienen falta de vacunas y de muchas cosas. Y luego están las guerras… Con once años ya están en las guerras, en los frentes, con fusiles, con armas… Pero, mirad, quiero que pensemos todos en la guerra que tenemos en España. Es verdad que España, gracias a Dios, no está en guerra, pero tenemos la guerra del aborto. En España, por el aborto, mueren muchos más niños, diariamente, que en cualquier guerra del mundo. Es una guerra solapada que no nos interesa descubrir. ¿Pensamos alguna vez en las madres que… bueno, a veces son obligadas a hacerlo, otras veces es decisión de ellas, porque no tienen recursos, porque creen que no van a ser ayudadas, porque creen que van a ser rechazadas por la sociedad, por sus propias familias…? Tenemos que hacer muchísima oración por esas mujeres. ¿Habrá don más grande que el que una madre dé a luz, y sienta a su hijo en sus brazos? Yo, como madre, creo que no.

 

Bien, amigos, pues seguimos, y hacemos nuestra oración dedicada a esos niños, a continuación la canción, y proseguimos nuestro caminar. Cristo Eucaristía está con nosotros. Él se merece todo. Cristo Eucaristía se merece que, si llueve, aguantemos la lluvia, que, si hace calor, aguantemos el calor.

 

Y volvemos hacia el jardín de nuestra parroquia. Aquí está colocado el altar mayor, el dedicado a los sacerdotes, a todos los sacerdotes del mundo, a todos los españoles y de nuestra parroquia especialmente. En el cartel vemos que pedimos: «Señor, danos sacerdotes santos». Es lo que necesitamos: sacerdotes santos. Pero también necesitamos seglares santos. Todos estamos llamados a la santidad, pero parece que no lo tenemos en cuenta ninguno de nosotros. En este altar la oración la hace un sacerdote. La canción que entona el coro de nuestra parroquia, también está dedicada a los sacerdotes. ¡Claro que hay que pedir sacerdotes santos! El mayor sacerdote y el mayor santo fue Cristo, Sumo Sacerdote. Cada vez hay menos vocaciones, qué va ser de nuestras parroquias. ¡Qué va a ser de la pastoral en las parroquias si no hay sacerdotes! Debemos hacer mucha oración, para que haya sacerdotes y para que sean santos.

 

Y ya os he contado lo que hacemos en nuestro barrio el día de la fiesta grande del Cuerpo de Cristo.

 

De nuevo entramos al templo. Allí ya se hacen las últimas oraciones con Cristo presente en el altar. Toca la banda de música y los tambores, se interpreta el himno de España, y el sacerdote presidente nos da la bendición. Y aquí acabamos nuestro recorrido, queridos hermanos y amigos.

 

Tenedlo presente: Aquí, en nuestro barrio, en este trocito pequeño de Campamento, celebramos esta fiesta grande; con nuestras flores, por las calles, con romero, lavanda, y todo el barrio huele a Cristo. Os invito y os invitamos a todos, desde esta comunidad parroquial, a acercaros a Cristo, Él siempre está esperándoos.

 

Muchos besitos y un abrazo.

 

 

 

La comunidad de la Parroquia de

 Nuestra Señora del Pilar de Campamento.