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Parroquia de Nuestra Señora del Pilar de Campamento (Madrid)
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Historia del Grupo de Misiones de la Parroquia de Nuestra Señora del Pilar de Campamento

(Que existió desde 1993 a 2003)
 

    Un sábado 18 de septiembre de 1993, que ahora nos parece tan lejano, se produjo la primera reunión del grupo de Misiones de la Parroquia del Pilar de Campamento. Nuestro párroco, Don Jesús, fue el que impulsó la idea de crearlo, y 6 personas se decidieron, a partir de ese día, a llevar a cabo este proyecto que con el tiempo daría cuerpo a un montón de actividades y atravesaría muchas vicisitudes; siempre con la intención de llevar el "espíritu misionero" a los que nos rodeaban en la parroquia, más allá y... realizar la Misión en nosotros mismos, que a veces es lo más difícil. Aquel día empezamos con ilusión: D. Jesús, Josefina, Humberto, Chon, Ana y Ascensión; unos continuamos aún en el Grupo, otros no, muchos más se irán añadiendo con el tiempo.

 

    Uno de los primeros acontecimientos que tuvimos, en octubre de aquel año, fue la campaña del Domund. A partir de entonces todos los años ayudamos en la organización de los principales eventos que la Iglesia tiene con carácter misionero (y éste es de los importantes): intentamos darle publicidad al acontecimiento y que participen los niños. Como es en octubre, siempre a principios de curso, nos tenemos que dar prisa con los preparativos. Hablando de niños, en esos comienzos ya pensamos también ayudar en la Siembra de Estrellas navideña, que cuando lo hemos realizado es una gozada para los más pequeños. Este primer año, sin embargo, no pudo ser. En enero de 1994 acometimos nuestra primera "acción" misionera. A través de SELASI, de los jesuitas, mandamos medicinas en un "container" para Sta. Cruz de la Sierra, en Bolivia. No lo sabíamos entonces, pero este país sería, en unos años, muy importante para nosotros, como ya se verá.

 

    Pronto nos pusimos en contacto con el Consejo Diocesano de Misiones. Intentábamos, ya desde entonces, tener en cuenta las actividades e ideas que pueda aportar la Iglesia, es bueno no estar aislados de todo lo que propusieran.

 

    En febrero acabamos de realizar una lista con los nombres y direcciones de misioneros que tienen alguna relación con la parroquia, nuestro "censo de misioneros", y que están desperdigados por todo el mundo (India, Bolivia, Perú, Brasil, Benín, Tanzania, Corea, Australia...) y nos propusimos mantener un vivo contacto con ellos. Siempre son enriquecedoras sus experiencias, que nos proporcionan más que nada a través de cartas y, cuando vienen por acá, procuramos reunirnos con ellos. Siempre sacamos grandes lecciones de todos ellos. Hemos coleccionado algunas perlas que nos cuentan en sus visitas, "las Frases de Misioneros" que podéis encontrar también en esta Página. La primera de estas "visitas" que recibimos fue la de la Madre Eudoxia, en abril de 1994, que llevaba 43 años como misionera en Argentina. Ya entonces nos recomendaba dos de los principales caminos que llevará el grupo: que rezáramos y que fuésemos a misiones. Recordamos sus palabras, que podríamos aplicar a la difícil situación que viviría aquel país en años posteriores, como aquéllas de que "donde hay presencia de miedo hay ausencia de fe". Poco después nos visitó por primera vez sor María Dolores Pascual, con 20 años en Corea a sus espaldas. Nos contó cómo están las cosas por allí, y nos animó diciendo que las vocaciones estaban creciendo.

 

    Después nos quedamos pensando cómo podríamos ayudar a estas misioneras desde aquí... nos hizo reflexionar. De momento, hicimos una pequeña colecta que enviamos con sor Eudoxia.

 

    En junio del 94, para terminar nuestro primer curso, nos llegó la confirmación de que las medicinas que enviamos a Bolivia habían llegado a su destino.

 

    El nuevo curso 94-95 se abrió con la primera carta que recibimos de una misionera, sor Eudoxia, que desde Argentina nos indicaba premonitoriamente que "aglutináramos a la parroquia y creáramos ambiente misionero" y nos sugería también la posibilidad de un hermanamiento con una misión en particular. No sabíamos entonces lo importante que iban a ser estas propuestas para el grupo. En esta Navidad, pudimos hacer, por fin, la Siembra de Estrellas con los más pequeños.

 

    Creemos que ésta es una acción realmente misionera. Por el hecho de que un niño ponga una pequeña estrellita a un desconocido del barrio, sin decir más, se logra transmitir una alegría que a veces puede más que cualquier "discurso". También con estos propósitos utilizamos la campaña diocesana de Infancia Misionera para concienciar a niños y catequistas de que ellos también son misioneros. Pero, a veces, esto es más difícil de hacerlo comprender a los últimos que a los propios niños...

 

    También en este curso se incorporó al grupo Miguel Ángel.

 

    Por abril del 95 tuvimos la primera visita de Sagrario, que realmente fue, y cada vez que repitió sus visitas, más, muy enriquecedora. Su misión está en Chiricagua, Perú. Y siempre nos cuenta cosas hermosas sobre la afinidad que consiguen las misioneras con el pueblo. Su hablar profundo, la verdad es que deja huella en los que la escuchan.

 

    Poco después, el grupo propició una exposición de artesanía peruana en la parroquia, a favor de la asociación COPRODELI.

 

    El tiempo pasaba y el siguiente curso hubo nuevas incorporaciones al grupo, como por ejemplo Silvia. Por aquellos tiempos se estaba realizando en nuestra parroquia la Misión Parroquial, que los claretianos ponían en marcha para estimular la fe en el barrio. Nosotros por entonces, empezamos a dar más importancia a la oración, y un jueves de octubre preparamos una vigilia de oración. (Una vez más, la historia demuestra ser premonitoria, porque el jueves y la oración irían posteriormente unidos, como se verá más adelante, en el Jueves Misionero.)

 

    Aprovechamos las Navidades del 95 para enviar por primera vez felicitaciones a los misioneros, entre ellas a Justino, de Brasil, que nos había visitado hacía poco. Éste nos prestó unos cuentos "con mucho contenido" que decidimos salieran publicados en la revista parroquial, que es otro medio que hemos utilizado, más o menos, para hacer saber a la parroquia las iniciativas misioneras que íbamos teniendo.

 

    1996 es un año especialmente importante para toda la parroquia. En enero celebramos nuestro 60 aniversario y no faltan las celebraciones para recordarlo. Muy lejos de aquí, sin embargo, en un lugar del Camino de Santiago, brotaba una pequeña bellota de roble. Este hecho, en apariencia sin importancia, significaría mucho para nuestro grupo. Porque la recogimos y la plantamos: pasó a ser nuestro "árbol de la fe", todo un símbolo que representaba precisamente la fe del grupo, y que ahora es un pequeño arbolito que crece (de momento un poco torcido, hay que reconocerlo) en medio de los jardines de la parroquia y al que pusimos una concha de peregrino y un ladrillo con esta frase escrita: "Por favor, Papá, protégeme de todos aquellos que no quieren dejarme crecer". Como comprenderéis, le tenemos todos, un gran cariño.

 

    En abril del 96 siguen las incorporaciones, en este caso Jorge. Siguen las visitas de misioneros (Agustina de Brasil), y surge la idea de apadrinar un niño. Lo que hicimos posteriormente. Por aquel entonces también surgió la idea de ayudar a Honduras directamente en los lugares de misión, y en octubre se nos ocurrió montar una enorme tienda de campaña en la mitad del patio de la parroquia, con la intención de llamar la atención (y lo conseguimos) y así recoger ropa, medicamentos, juguetes, alimentos no perecederos para mandar en un contenedor. Nos acordamos ahora de Santiago, que fue el que nos proporcionó la idea y el que la hizo viable, repartiendo él, personalmente, la ayuda en destino. Al año siguiente repetimos la experiencia, de lo que empezamos a denominar el "Proyecto Honduras". Era el proyecto de más envergadura que habíamos hecho hasta entonces, y nos proporcionó grandes satisfacciones (como comprobar la gratuidad de Dios cuando te proporciona ayuda como y cuando menos lo esperas: nos cayeron medicinas de donde menos podíamos esperarlo) y, en cambio, una gran pena, cuando escuchamos tiempo más tarde que el huracán Mitch había arrasado la zona de Honduras donde habíamos enviado el cargamento. Pero las cosas son así y no sabemos por qué...

 

    El curso 96/97 empezó sin embargo con muchos bríos: El proyecto del Camino de Santiago era una parte importante para ese año, y muchas incorporaciones nuevas hubo al grupo: César, Raúl, y nuestra "colaboradora especial": Beatriz, también empezaban a aparecer por aquí.

 

    Nos causó por entonces mucha pena el saber que sor Eudoxia había muerto tras una enfermedad.

 

    D. Jesús, nuestro párroco, quería impulsar entonces más el grupo y empezó a hablarnos de que debíamos abrirnos más al resto de la parroquia y extender el espíritu misionero, y también nos recordaba la posibilidad de un hermanamiento con alguna misión en concreto, pero todavía no sabíamos con cual podríamos hacerlo.

 

    También en octubre de 1996 emprendimos una "original" iniciativa misionera: Con unas enormes letras azules colocadas en la balconada de los salones parroquiales, comenzamos a colocar una serie de frases, con mucho "contenido" y que a todo el que pasaba por la calle no podían dejarle indiferente ya que saltaban realmente a la vista. Como ejemplo, una de las que pusimos decía: "Sólo el humilde acoge a Jesús". Es lo que se dice "sacar el Evangelio a la calle" (literalmente).

 

    El grupo crecía y crecía: Conchi, Mª Jesús, Luis, Elena, Eli, Mario, Julio, Gema poco después, y María que nos seguía visitando con frecuencia: cada vez éramos más... Por fin apadrinamos un niño, Benigno de Perú (más tarde también a Aurelio) y los niños de catequesis se encargaron de otro, por iniciativa de Joaquín, sacerdote de nuestra parroquia.

 

    El 21 de Abril de 1997 es una fecha muy importante. Tuvimos una importante reunión con Castora, Hermana del Amor de Dios, de Cochabamba (Bolivia). Era familiar de miembros de la parroquia y empezamos a pensar seriamente la posibilidad de un hermanamiento, que en este caso, sería con la parroquia de San Carlos Borromeo de Cochabamba. Allí las hermanas mantienen un comedor para niños y ancianos (que en ese tiempo tuvieron que cerrar por falta de medios), y éste podría ser el destino "material" de lo que pudiéramos mandar. Todavía no sabíamos como podríamos hacerlo, pero la idea inicial que teníamos se iría concretando cada vez más.

 

    Por aquel entonces estábamos más preocupados por el "Proyecto Honduras", del que ya se ha hablado. Todo quedaba un poco en suspenso...

 

    El quinto año de andadura del grupo (97-98) lo empezamos de buen pie: a través de Vigilias de oración y ejercicios espirituales (los primeros que se hacían directamente promovidos por y desde la parroquia, y a iniciativa nuestra), potenciamos los aspectos interiores que precisábamos: Si queríamos evangelizar, teníamos que estar evangelizados primero nosotros.

 

    A finales del 97 se nos ocurre otra buena idea: disponíamos en la parroquia de un hermoso salón de actos, ¡y qué mejor modo de utilizarlo que poner periódicamente un montón de buenas películas "con contenido" y, a ser posible, divertidas!. Así que empezamos a proyectarlas, comenzando por Mientras Dormías. Por el Cine del Pilar pasaron títulos como Pena de Muerte, El Octavo día, La fuerza de uno, Gattaca, Tierras de Penumbra, alguna de dibujos y alguna inevitable película bíblica, así como "La misión" que, evidentemente, no podía faltar. Sólo nos faltó poner las palomitas, pero no se puede tener todo...

 

    También proyectamos un “corto” realizado por César y un resumen de cómo Santiago había ido repartiendo las medicinas por Honduras.

 

    En 1998 se fue concretando con hechos el hermanamiento: En mayo celebramos un festival y un rastrillo para recoger fondos para Cochabamba, en el que participó buena parte de la parroquia, haciéndose así responsables todos de lo que el hermanamiento suponía.

 

    En el siguiente curso (98/99) se daría culminación al hermanamiento con dos hechos: la concreción "oficial" del hermanamiento a nivel diocesano, y el proyecto, en un principio de cuatro de nosotros, de ir durante el verano a Cochabamba, para tener una auténtica experiencia misionera, y hacer del hermanamiento una unión que fuera más allá de la mera aportación material de una parroquia a otra. Era verdaderamente un "salto" espiritual bastante impresionante. Nos vino bien entonces, para coger fuerzas, hacer Ejercicios al comienzo del curso. Nuevos proyectos surgían: elaborar una Misa juvenil con canciones aportadas por varios jóvenes de la parroquia con "inquietudes musicales", como las de Humberto, (del que partió esta iniciativa), o Inés, que se incorporaría al grupo al año siguiente. Tardaría tiempo en realizarse.

 

    Como había entonces tantas cosas que hacer, decidimos que una buena manera de organizarnos era repartiéndonos tareas, y así hacernos todos un poco responsables de lo que nos hubiera tocado. Por enero del 99 ya sabíamos definitivamente quienes podían ir a Cochabamba. De momento sólo serían Jorge y Silvia, que a partir de entonces comenzarían una larga carrera de preparativos que incluían preparación material, vacunas, billetes de avión, etc.

 

    Para comienzos de año visitamos en su casa a Gregoria Pérez, una encantadora anciana que espontáneamente había apoyado materialmente nuestros gastos de correspondencia con los misioneros y a la que tenemos un especial cariño. También en ese mes visitamos al Delegado del Consejo Diocesano de Misiones para que nos conociera y nos asesorara sobre cómo debíamos llevar a cabo el hermanamiento. Nos contó que el hermanamiento debía resaltar el intercambio de bienes tanto materiales como espirituales, que convenía establecer el contacto a través de familiares de misioneros con raíces en nuestra parroquia (nosotros teníamos a Castora), y que extendiéramos a toda la parroquia el conocimiento del hermanamiento. Todo ello lo intentamos llevar como la columna vertebral del hermanamiento y lo plasmamos en el documento oficial, que tuvimos la suerte firmara el Obispo, que en abril llegaba a nuestra parroquia en visita pastoral.

 

    En mayo hicimos un animado festival de música para Cochabamba, que tuvo mucha participación por parte de todos. Corrían buenos tiempos para el grupo.

 

    Por entonces ya teníamos nuestro propio sello con el símbolo de unas manos abiertas como las alas de una paloma. También recibimos la visita del padre Ángel de Australia y la incorporación de Pili con el peculiar cargo de "misionera de la familia": aunque no podía acudir a nuestras reuniones, pertenecía al Grupo, porque también se podía ser misionera o misionero "allí donde se estuviese"

 

    Por fin llegó el gran día: el 19 de julio, después de acudir a Misa y tras la bendición pertinente, Jorge y Silvia se embarcaron en el avión y comenzaba el largo viaje que daría al hermanamiento con Cochabamba el espíritu que lo hacía definitivamente de carne y hueso. Fue hasta octubre un cúmulo de experiencias inolvidables, y que trajo un nuevo nivel de profundidad al grupo.

 

    En el siguiente curso (99/00), que contó con la incorporación de Manolo, nos encaminábamos al Jubileo con especial "alegría": Jorge y Silvia comparten con nosotros y con toda la parroquia su experiencia, por medio de diapositivas, fotos y su testimonio; incluso, un día, nos invitaron a los jóvenes de nuestra parroquia y alguno de parroquias vecinas, a probar el "api", una bebida típica boliviana que nos trasmitió vivamente el ambiente que vivieron.

 

    En enero del 2000 ya se había acabado de componer la Misa Juvenil, escrita, reproducida y definitivamente grabada.

 

    Desde Cochabamba recibíamos continuamente información de lo que realizaban, incluyendo una exhaustiva relación de cómo empleaban el dinero que enviábamos, y estupendos mensajes de los niños y ancianos del comedor de Villa Jerusalén, en los que expresaban su agradecimiento y su cariño. También recibimos su dirección de Internet, lo que nos dio pie para que, por entonces, ya pensáramos más en serio que podría ser bueno tener nuestra página Web.

 

    El 20 de febrero se llevaban en ofrenda las cuarenta canciones de la Misa Juvenil en la misa de las once, a la par que Beatriz era enviada solemnemente, en nombre de la parroquia, tres meses a Cochabamba.

 

    Para marzo, y para celebrar el Año Jubilar hicimos una pequeña peregrinación a la Catedral de la Almudena andando, recordando a alguno los buenos momentos pasados durante el Camino a Santiago. También teníamos algunos días que denominamos "lúdico festivos" como la visita a Aranjuez, que pretendíamos nos sirviera para hacernos crecer algo como "comunidad".

 

    Pensamos reforzar el tema de la formación interna del grupo. También, a veces, es bueno tener razones que ofrecer de nuestra fe.

 

    En mayo, por fin, se concretó el Jueves Misionero: Cada segundo jueves de mes tendríamos un importante momento de oración por las misiones, con la presencia del Santísimo y de toda la comunidad parroquial que se quisiera acercar, dando un cauce, que nos parece muy bueno, a aquello de potenciar los intercambios de "bienes espirituales" que aparecía en el hermanamiento, así como hacer partícipes a toda la parroquia del espíritu misionero, reforzando el sentido de comunidad entre todos.

 

    Otros proyectos, en cambio, se iban dejando en el camino, como por ejemplo el tema de la proyección de las películas, por que no podíamos y por que se había perdido un poco el interés, (qué se le va a hacer).

 

    Ese mismo mes, varios del grupo, y otros que colaboraron en la elaboración de la Misa Juvenil, acudieron a Radio María, una radio que tenemos cerca del barrio: No nos cerramos a ningún medio de comunicación cuando nos surge la oportunidad.

 

    El fin de aquel curso supuso un punto de inflexión en la historia del grupo: A la vista de todo lo que nos había estado pasando a lo largo de estos años, nos preguntábamos seriamente qué quería Dios del grupo: ¿Necesitamos un cambio? ¿Ir más allá? Para aclarar nuestras ideas decidimos hacer, en pleno agosto, una convivencia "fuerte" en los locales de la parroquia y en la Casa de Campo para realizar un análisis de lo que éramos y acumular propuestas para el futuro. El resultado fue bastante productivo y especial en muchos aspectos: Se habló de la relación personal de cada uno con Dios, de cómo trasmitir a los demás, de oración y formación, incluso de llevar más allá el sentido de comunidad... allí surgió el que sería a partir de entonces el lema del grupo: "Ser testigos del amor de Dios". Se abrían caminos nuevos e intensos para todos, era sobrepasar el simple "grupo de misiones"...

 

    Sin embargo, en el curso siguiente... desgraciadamente, comenzó el declive. La gente empezó a dispersarse por diferentes motivos (algunos felices, como Jorge que se marchaba al seminario): bodas, trabajos, estudios, búsquedas de un mayor compromiso con Dios... y aquellas propuestas todavía no se han cumplido.

 

    De todas formas, continuamos los que quedamos con algunas actividades: el Jueves Misionero, la principal. En noviembre del 2000 nos visita el Padre Lorenzo Cattani, delegado de misiones de nuestra vicaría: Él también insistía en nuestra formación interna, en que retuviésemos la idea de que la misión es algo más que un asunto económico. (Dos años después tendríamos también contacto "interno" con los representantes de Misiones de la diócesis, ya que uno de nosotros pasaría a ocupar un cargo allí.)

 

    En marzo de 2001 colaboramos en la convivencia de la Cuaresma solidaria que llamamos "Cena del hambre", con la intención de concienciar a la parroquia, de una forma viva, del problema del hambre en el mundo.

 

    El 26 de abril nos visita un misionero de Tanzania, el Padre Adrián, para el que logramos convocar a un montón de gente.

 

    El curso 2001-2002 nos fue mal, quedó en el grupo demasiada poca gente, y estuvimos muy limitados a la hora de realizar nuevas actividades. A pesar de que se nos unía Leticia, ese año, definitivamente empezamos a dudar del futuro del grupo. Habíamos llegado tan alto hasta aquella convivencia del 2000 y ahora parecía que la "vela se apagaba".

 

    Aun así pensábamos lo bueno que sería apoyar nuevas experiencias misioneras de aquellos que estuvieran decididos a irse a Cochabamba, o a cualquier otro sitio, a medio o largo plazo.

 

    Este curso, por fin, aún seguimos acá: diezmados, pero con el retorno de algunos. Con la gran ayuda de David, hemos promovido y colaborado en la elaboración de esta página Web de la parroquia del Pilar, donde nuestro grupo tiene su rinconcito, del que esperamos pueda ser útil para impulsar la evangelización en una “nueva manera”, y sirva, de alguna forma, a los misioneros de todo el mundo que quieran y puedan contactar con nosotros.

 

    Nuestro último Jueves Misionero contó con la especial colaboración de un misionero de la Sociedad de Misiones Africanas, Paco, que fue especialmente vibrante, como si un aire fresco de África recorriera fugazmente nuestra parroquia. Y nos habló de la esperanza, y eso es lo que nos queda a todos, al grupo y a los misioneros, la esperanza en DIOS para un futuro que no sabemos qué nos deparará...

 

            (Diciembre de 2002)

 

            Mario Gómez Garrido

 

 

ANEXO:

 

    Dadas las condiciones de precariedad progresiva que se vivían, el grupo acordó DISOLVERSE el día 20 de junio de 2003 (tras una semana de reflexión y oración personales sobre el particular); celebrando la última reunión disolutoria el 11 de septiembre de 2003, tras diez años de existencia.

 

    Los libros, revistas, discos y determinados documentos que se habían ido acumulando a lo largo de los años pasaron a engrosar la biblioteca parroquial gestionada por el Aula de Cultura, la documentación y el histórico de las actas de las reuniones ocuparon su estante en al archivo parroquial, los materiales del Domund y otros por el estilo quedaron a la libre disposición parroquial, el Hermanamiento se dejó en manos del Consejo Pastoral Parroquial, y se decidió acondicionar la Página Web para su "momificación".

 

    Por su parte, cada uno de los miembros del grupo desarrollará su inquietud misionera allá donde el Señor quiera colocarle. (Asistieron a alguna de las últimas reuniones disolutorias: Pilar [Pili], Josefina, Manolo, Luis, Mario, Jorge y Humberto; y a Silvia se le informó por carta.)

 

 

            Madrid, 9 de noviembre de 2003.